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La virtud de la fe y el pecado cognitivo.

  • philosophiakoons
  • 3 may 2025
  • 21 Min. de lectura

Actualizado: 3 dic 2025

En esta entrada presentaremos y analizaremos el articulo de Robert Merrihew Adams "The Virtue of Faith".


Como señala Adams, es una característica conocida de la tradición cristiana que la fe ha sido tratada como una virtud:

Es una característica prominente y muy conocida de la tradición cristiana que la fe es considerada como una virtud, y la incredulidad (al menos en muchos casos) como un pecado. [1]

Sin ir más lejos el propio catecismo de la Iglesia Católica Apostólica Romana trata a la fe como una virtud teologal. [2]

La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Por la fe “el hombre se entrega entera y libremente a Dios” (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. “El justo [...] vivirá por la fe” (Rm 1, 17). La fe viva “actúa por la caridad” (Ga 5, 6).

Así mismo dentro de la tradición cristiana también encontramos que la incredulidad es tratada como pecado. En su sermón "El Pecado de la Incredulidad" Charles Haddon Spurgeon dijo:

Su pecado fue la incredulidad. Dudaba de la promesa de Dios. En este caso particular, la incredulidad tomó la forma de una duda de la veracidad divina, o una desconfianza en el poder de Dios. O dudaba si Dios realmente quería decir lo que decía, o si estaba dentro del rango de posibilidades que Dios cumpliera su promesa. [3]

Adams señala que tales afirmaciones le resultaban extrañas, y ciertamente no es el único. El gran teólogo y escritor C.S Lewis expreso que tenia una extrañeza similar en su gran obra Mero Cristianismo:

Pero lo que confunde a la gente —al menos solía confundirme a mí— es el hecho de que los cristianos consideren a la fe en este sentido como una virtud. Yo solía preguntarme cómo podía ser una virtud… ¿Qué hay de moral o de inmoral en creer o en no creer un conjunto de afirmaciones? Es evidente, solía decirme, que un hombre cuerdo acepta o rechaza cualquier afirmación, no porque quiera o no quiera, sino porque la evidencia le parece suficiente o insuficiente. Si me equivocara acerca de la validez o invalidez de la evidencia, eso no significaría que era un mal hombre, sino sólo que no era muy inteligente. Y si pensara que la evidencia era insuficiente pero intentara forzarme a creer en ella a pesar de todo, eso sería simplemente una estupidez. [4]

Esto es similar a lo que desconcertaba a Adams. Él cual lo resume en 2 puntos:


  1. La creencia y la incredulidad parecen ser principalmente estados involuntarios, y se piensa que lo involuntario no puede ser éticamente alabado o culpado.


  2. Si hay que alabar la creencia, estamos acostumbrados a pensar que su alabanza depende de su racionalidad, pero la virtud de la fe para los cristianos parece basarse en su corrección e independiente de la fuerza de las pruebas que la apoyan.


Vale la pena detenerse en estos 2 puntos para entender mejor a lo que se refiere Adams. Para entender (1) debemos saber lo que es una creencia en este contexto. Una creencia es un estado mental, una actitud que tomamos hacía alguna proposición, tomándola como verdadera en nuestras mentes. Le llaman "actitud proposicional" al estado mental de tener alguna actitud, postura o opinión sobre una proposición (una afirmación o negación). [5] Un estado mental que puede ser expresable como "S A que P", donde S es el sujeto, A es la actitud y P es la proposición. Por ejemplo:


Julio [el sujeto] espera [la actitud] que mañana llueva [la proposición], o Daniela [sujeto] duda [la actitud] que el Islam sea la religión verdadera.

También es importante entender lo que es el voluntarismo doxástico, que es solo la noción de que las personas tienen al menos algún control voluntario sobre sus creencias y elección sobre ellas. [6] Claramente, no tenemos el control de todas nuestras creencias, como bien ilustran William Lane Craig y J.P Moreland en su libro:

Si alguien te ofreciera un millón de dólares para que creyeras ahora mismo que un elefante rosa estaba en tu habitación, no podrías hacerlo aunque quisieras. Por lo general, las creencias de las personas simplemente les llegan. Al mirar un objeto rojo, uno simplemente se encuentra creyendo que es rojo. Sin embargo, todavía se puede tener control indirecto sobre una creencia. Tal vez las personas no puedan cambiar directamente sus creencias, pero pueden ser libres de hacer ciertas cosas (por ejemplo, estudiar cierta evidencia y evitar otra evidencia) para moverse a una posición para cambiar sus creencias.

Una manera sencilla de ilustrar que sí tenemos control de algunas de nuestras creencias es con el siguiente experimento: "Pon tu mano derecha encima de tu cabeza, bien, ahora te encuentras creyendo que tu mano derecha esta sobre tu cabeza. Ahora, pon tu mano derecha debajo de tu barbilla, muy bien, ahora te encuentras creyendo que tu mano derecha esta debajo de tu barbilla". Tu creencia sobre la posición de tu mano derecha es controlada por ti, por tu decisión de mover tu mano. Así hemos demostrado que podemos controlar algunas creencias, pero es obvio que no tenemos el control de todas nuestras creencias.


Lo que podría causar confusión sobre (1) es que nuestras creencias sobre la veracidad del cristianismo parecen el tipo de creencia de la que no tenemos control directo, y si no podemos controlar algo, pues parece absurdo que se nos culpe de algo de lo cual no tenemos control. Pero como veremos más adelante, Adams más que mostrar que de hecho tenemos algún tipo de control sobre nuestra creencia acerca de la veracidad del cristianismo, mostrara como nuestra intuición o nuestra idea de "es absurdo culparte por una creencia si es involuntaria" puede ser falsa.

Sobre (2) simplemente se esta diciendo que para que una creencia pueda ser digna de alabanza, elogiable o admirable debe estar basada en la evidencia. Sin embargo esto es distinto de como se trata a la fe cristiana, y esto parece implicar que nuestra creencia en el cristianismo es elogiada por ser correcta y sostenerse a pesar de que la evidencia realmente no la apoye. Adams no es el único en señalar esto, una excelente autora en temas de epistemología: Elizabeth Jackson, nos dice en su articulo Faith: Contemporary Perspectives que la fe va más alla de la evidencia. [7] Así mismo hace una distinción útil, al distinguir entre ir más allá de la evidencia e ir contra la evidencia.

[...] tenga en cuenta que hay una diferencia entre ir más allá de la evidencia e ir en contra de la evidencia. Ir más allá de la evidencia puede parecer creer o actuar cuando la evidencia es decente pero imperfecta. [...] Sin embargo, esto no significa que la fe vaya en contra de la evidencia, lo que requiere que creas en algo cuando tu tienes evidencia abrumadora de que es falso.

Aunque parece que el concepto de ir mas allá de la evidencia que Adams sostiene es más extremo que solo tener evidencia imperfecta, sino casi una total ausencia de ella. Pero eso lo verán más adelante. Una vez explicados estos puntos, creo que es más claro a que se refiere Adams con (1) y (2), ahora sí podemos avanzar a como Adams los aborda y como concluye que la fe es una virtud y la incredulidad un pecado.


Pecado cognitivo.


Antes de comenzar permítanme explicar rápidamente un concepto básico. En este contexto el termino "cognitivo" se refiere a procesos mentales relacionados con el conocimiento, especialmente con la formación de creencias, el juicio, la percepción, la interpretación y la comprensión de la realidad. Así, cuando Adams habla de "fallas cognitivas" o "errores cognitivos", se refiere a errores en la forma en que una persona percibe, interpreta o cree algo. Desde creencias falsas hasta percibir algo de manera errónea.


Según Adams hay muchos fallos cognitivos que consideramos moralmente repróchales, cosas como: "Creer que ciertas personas no tienen derechos, que ciertas personas por su raza son inferiores o merecen un trato menos digno, tener una opinión demasiado alta de nosotros mismos y nuestros logros, percibir a los miembros de algún grupo social como menos capaces de lo que realmente son, no notar indicios de los sentimientos de otras personas, etc.". Algunos de estos fracasos pueden no ser nuestra culpa en sentido estricto, quizás se deba a la crianza, o como señala Adams:

Tratar de prestar atención a los sentimientos de otras personas no necesariamente tendrá éxito, si soy insensible o tengo miedo a las emociones. Y tratar de evaluar mis propias habilidades y logros con precisión puede que no me impida pensar demasiado bien de mí mismo, si soy vanidoso. Le damos crédito a la gente por intentarlo en estos asuntos, pero todavía consideramos que el no notar los sentimientos de otras personas o las propias deficiencias es una falta, y en cierto sentido una falta ética o moral.

Claramente no todos los fallos cognitivo son inmorales, una creencia falsa en matemáticas no es inmoral. Aunque si esta la sostiene un matemático profesional podría ser evidencia de una negligencia moralmente culpable.


¿Cómo diferenciar cuales creencias o fallos cognitivos son morales y cuales no? Adams no sabe exactamente como trazar la línea, y dudo que alguien pueda dar una manera totalmente exhaustiva para diferenciarlos. Pero aún así Adams pretende dar una clasificación no exhaustiva que puede ayudarnos a identificar algunos de estos errores cognitivos moralmente reprochables. Es decir que nos dara una clasificación que no pretende abarcar todos los fallos cognitivos inmorales sino solo algunos.


1) Falsas creencias morales: Alguien es culpable de tener creencias moralmente reprochables, aún si no actúa en consecuencia. Creer en los principios del Nazismo es claramente reprochable aún si no se actúa en consecuencia. Pero quizás no todas las creencias morales falsas son moralmente reprochables, quizás algunas creencias falsas sobre temas morales en los que hay mucho debate, como quizás el si es correcto o no tener relaciones sexuales con preservativos dentro del matrimonio, podrían ser creencias no reprochables. Aún con todo eso Adams propone un argumento tentativo para afirmar que todas las creencias morales falsas son reprochables. Él propone lo siguiente: Imagina que tienes una creencia no moral que es incorrecta, por ejemplo crees que la sopa es buena para comer y se la sirves a alguien, pero resulta que estaba envenenada, no deberías culparte por ella si lo haces por ignorancia de un hecho no ético que no se podía esperar que supieras. Sin embargo, si yo sabía que la sopa estaba envenenada y se la sirvo a alguien porque ahora yo tenia una creencia moral falsa, quizás la de "X raza, o sexo, de personas deben morir", una vez ya sé que mi creencia moral era falsa, nos dice Adams, parece que deberíamos culparnos a nosotros mismos en todos los casos. Parece "plausible" que si un error es o puede ser la raíz de un acto reprochable y del que puedo ser culpable, entonces este error debe ser éticamente reprochable en cierto grado.


2) Falsas creencias dañinas por negligencia: Las falsas creencias dañinas sobre cualquier tema son culpables si se deben a negligencia. Es decir, son culpables si los tenemos porque hemos descuidado realizar acciones voluntarias que deberíamos haber realizado, y que habrían curado o evitado el error en nosotros. Muchos sostienen, de hecho, que este es el único caso en el que los errores cognitivos son culpables.


3) Manifestaciones de malos deseos: Las falsas creencias y otros fallos cognitivos son a veces moralmente objetables, al menos en parte, debido a los malos deseos que se manifiestan en ellos. Una razón por la que es moralmente ofensivo tener una opinión demasiado alta de uno mismo es que generalmente manifiesta un deseo de engrandecerse a sí mismo a expensas de los demás. Nos dice Adams que la culpabilidad de los fracasos cognitivos surge mucho más de malos motivos de este tipo que de los deberes de autocultura que uno ha dejado de cumplir (no es que deba explicarse enteramente por una o ambas causas). Si no he logrado reconocer los sentimientos de otra persona, cuánto debo culparme a mí mismo depende mucho más de si tengo el respeto y la preocupación que debería tener por esa persona que de si estaba tratando conscientemente de notar sus sentimientos. Estos motivos el respeto y la preocupación por otras personas, por un lado, el deseo de engrandecerse a sí mismo, por el otro son involuntarios de la misma manera que lo son las creencias. Uno no puede desarrollar el tipo correcto de deseos y preocupaciones simplemente decidiendo tenerlos. Por el contrario, es el testimonio de la experiencia moral que el mejoramiento de los propios deseos y motivos es difícil y a menudo permanece imperfecto incluso con los esfuerzos más serios. No obstante, Adams afirma que cree que los malos deseos y motivos son pecado, y de los que hay que arrepentirse. Como los fracasos cognitivos pueden ser reprochables en parte porque manifiestan un mal motivo. Vale la pena señalar que un mal motivo, o una actitud moralmente ofensiva, puede estar constituida en parte por una creencia ofensiva. Por lo tanto, la creencia de que ciertas personas carecen de ciertos derechos no es solo una consecuencia del mal motivo de la falta de respeto o el desprecio hacia esas personas; Es parte de lo que constituye una falta de respeto o desprecio hacia ellos.


Adams señala algo muy interesante en esta sección:

 Las malas creencias morales pueden hacer a un hombre o una mujer malos, sin importar cómo llegamos a las creencias. Hay al menos dos maneras de ser pecador: una es haber hecho algo malo; la otra es ser, en algún aspecto y hasta cierto punto, una mala persona. El segundo camino no es menos terrible ni menos fundamental que el primero. La maldad de carácter no tiene por qué explicarse por una mala acción anterior. Podemos ser corrompidos por nuestras propias malas acciones, pero esa no es la única forma en que podemos ser corrompidos. Esto no quiere decir en absoluto que alguien que ha sido corrompido por una mala educación no es también una víctima, y tiene derecho a nuestra simpatía. Desde un punto de vista cristiano, el pecado es, en cualquier caso, una esclavitud que debería suscitar una preocupación compasiva por el pecador. El propósito de identificar las fallas cognitivas como pecados no es encontrar un palo para golpear al pecador, sino más bien aprender de qué tenemos que arrepentirnos. Si tenemos una actitud equivocada, si estamos a favor de lo malo y en contra de lo bueno, si no reconocemos los derechos que tienen otras personas, si nos vemos a nosotros mismos como el centro del universo, tenemos que repudiarnos de esto, tenemos que reconocer nuestro error y cambiar nuestras mentes y nuestras vidas, independientemente de si fue nuestra propia acción voluntaria la que nos llevó a tal estado. Estas cuestiones de posición de lo que estamos a favor, de lo que estamos en contra, de lo que reconocemos y creemos en ciertos puntos tienen una importancia, para la calidad ética de nuestras vidas, que no depende enteramente de las cuestiones de lo que causamos, producimos o hacemos voluntariamente.

Es sumamente interesante el hincapié que hace Adams en el carácter de la persona independientemente de sus acciones, porque deja ver una especie de compromiso con la ética de las virtudes. Como señala Rosalind Hursthouse en la Stanford Encyclopedia of Philosophy:

La ética de la virtud es actualmente uno de los tres enfoques principales en la normativa ética. Puede, inicialmente, identificarse como el que enfatiza las virtudes, o el carácter moral, en contraste con el enfoque que hace hincapié en los deberes o las reglas (deontología) o que hace hincapié en la consecuencias de las acciones (consecuencialismo). [8]

Así una buena vida moral no se limita solamente con realizar buenas acciones o cumplir con nuestros deberes, sino en tener un buen carácter y esto puede incluir desde nuestras predisposiciones, nuestras intenciones, motivaciones, etc. Puedes realizar acciones buenas, pero hacerlo porque sacaras beneficio de ello, o quizás dices la verdad porque temes de las consecuencias de mentir, bajo esta ética eso no te haría una persona honesta o de buen carácter.

La importancia de estar en lo correcto.


Adams nos dice que muchas creencias moralmente ofensivas también son irrazonables, pero no por eso son faltas éticas. Hay personas que sostienen puntos de vista éticos que son correctos pero lo sostienen de una manera muy poco razonable, y eso no necesariamente impide que sea un crédito para la persona que tiene esas creencias.

Tal vez haya habido alguien que aceptara en principio un utilitarismo hedonista estricto del acto, pero que también creyera (de forma incoherente) que no se debe castigar a un inocente para procurar un ligero incremento neto en la suma o la media del placer en el mundo. Supongamos que, al enfrentarse a su inconsciencia, tal persona llegara a la conclusión de que se debería castigar a una persona inocente si se tuviera la certeza de que eso aumentaría ligeramente la suma del placer. Creo que esto sería un cambio a peor moralmente, incluso si haría que su sistema de creencias fuera más racional, porque sería más consistente. Por lo general, es más importante que las creencias morales sean correctas que razonables. Y cuando están equivocados, podemos culparlos con razón, incluso si no son irrazonables. No puedo probar que no sea razonable considerar el infanticidio como un método moralmente permisible de control de la población; pero sigo pensando que es un pecado sostener esa creencia.

Lo que importa para considerar una creencia como reprochable o digna de admirar, más que su racionalidad es su veracidad, al menos en el aspecto moralmente relevante.


En el resto de esta sección del articulo Adams explica los limites de la racionalidad y como somos menos racionales de lo que nos gustaría admitir, esta sección es muy interesante y me gustaría que el lector la revisara por sí mismo para que sacara sus propias conclusiones.

Por mi parte difiero con el enfoque de Adams sobre esto, pero un análisis detallado de nuestras diferencias esta fuera del alcance de este articulo. Sin embargo, algunas cosas que caben destacar cuando Adams menciona cosas como: "a veces confiamos en otra persona con muy poca evidencia; Y eso también es de gran valor para la vida humana".

La creencia que va más allá de la evidencia es tan importante para confiar en otras personas como para entenderlas. La confianza hacia otras personas se basa en la convicción de su honorabilidad y buena voluntad. Cuando esta convicción es fuerte, por lo general supera cualquier evidencia que podamos especificar.

Y estoy de acuerdo, muchas veces actuamos aún cuando la evidencia no es suficiente, aunque no considero que tal acto este peleado con la racionalidad. Verán hay varios tipos de racionalidad, esta la racionalidad epistémica que es la racionalidad que tiene como objetivo llegar a la verdad y evitar el error, y se asocia con la creencia y el conocimiento justificados. [8] Como dice Liz Jackson:


Una creencia epistémicamente racional tiene características como estar basada en evidencia, estar formada de manera confiable, ser candidata para el conocimiento y ser el resultado de un proceso confiable de investigación.

Pero también tenemos la racionalidad practica la cual a diferencia de la racionalidad epistémica, se asocia con lo que es bueno para ti: lo que satisface tus deseos y conduce a tu florecimiento. Ejemplos de acciones prácticamente racionales incluyen cepillarse los dientes, ahorrar para la jubilación, buscar el trabajo de sus sueños y otras cosas conducentes a cumplir sus metas y mejorar su vida.

Jackson señala que, en dos teorías principales de la acción racional (el punto de vista de la creencia-deseo y el punto de vista de la teoría de la decisión), la acción racional es causada por dos cosas: creencias y deseos. Si es racional que vayas a la nevera, es porque quieres comida (un deseo) y crees que hay comida en la nevera (una creencia). Pero puedes creer y desear las cosas en un grado más o menos fuerte; Es posible que actúes racionalmente sobre algo porque tienes un fuerte deseo por ello, aunque lo consideres poco probable. Supongamos que tu hermano desaparece. Ha estado desaparecido durante mucho tiempo y hay muchas pruebas de que está muerto, pero crees que hay alguna posibilidad de que esté vivo. Porque sería tan bueno si estuviera vivo y lo encontraras, tienes fe en la acción de que está vivo: pones carteles de desaparecidos, pasas mucho tiempo buscándolo, etc. La bondad de encontrarlo de nuevo hace que esto sea racional, a pesar de la contraevidencia. O considere otro ejemplo: usted podría aceptar racionalmente que Dios existe, practicando una religión, participando en la oración y la liturgia, y uniéndose a una comunidad espiritual, incluso si tiene fuertes pruebas en contra del teísmo. Esto se debe a que tienes mucha ganancia si aceptas que Dios existe y Dios existe, y no mucho que perder si Dios no existe.

Esto podría aplicarse fácilmente a la confianza que le das a algunas personas a pesar de la poca evidencia que tienes de que realmente sean personas confiables si hay mucho que ganar si lo son y poco que perder si no lo son. La confianza que le damos a algunas personas al ser algo que nos ayuda a generar relaciones y a mantenerlas, es algo prácticamente racional, incluso si no tenemos evidencia en favor de ello.


Hay mucho, pero mucho más que se podría decir, pero prefiero dejarlo para otro articulo.


El pecado de la incredulidad.


Adams piensa que incredulidad se puede dar de 2 maneras:


  1.   No creer en Dios cuando Él nos habla (es decir, no creer lo que Él dice);


  2.  No creer en Dios (es decir, no confiar en Él, o no creer que Él existe en absoluto, o no creer en verdades importantes acerca de Él).


Sin embargo, como bien señala Adams el pecado de incredulidad siempre implica el rechazo de algo que Dios le ha dicho al pecador. El mero hecho de no creer en Dios no implica la incredulidad, ya que las mariposas no creen en Dios, sin embargo no son culpables por su incredulidad. Señala que lo relevante para él no es el hecho de que seamos de naturaleza racional y la mariposas no, sino más bien que se nos revelo a nosotros y no a la mariposa. Esto parece plausible, ya que si aún fuéramos criaturas racionales, pero Dios no se diera a conocer a nosotros, entonces difícilmente podríamos ser culpables de incredulidad.


Para mi sorpresa decide no detenerse en el pecado de la incredulidad de los ateos, sino más bien señalar el pecado de la incredulidad de los cristianos. Lo cual me parece un movimiento sumamente inteligente, interesante y da como resultado mucho más que explorar. Aquí es donde las cosas se pueden poner un poquito técnicas, el habla de que lo importante en el pecado de la incredulidad es el testimonio interno del Espíritu Santo. Este termino se usa dentro del contexto de la epistemología reformada, esta es una perspectiva de la creencia religiosa que apela a que la creencia religiosa puede ser racional sin ninguna apelación a la evidencia o al argumento. [9] Diferentes filósofos entiende de manera distinta el papel del Espíritu Santo en este fenómeno, sinceramente la que más me gusta es la expresada por William Lane Craig:

La experiencia del Espíritu Santo es verídica e inconfundible (aunque no necesariamente irresistible o indubitable) para quien la tiene; que tal persona no necesita argumentos o pruebas suplementarias para saber y saber con confianza que de hecho está experimentando el Espíritu de Dios; que tal experiencia no funciona en este caso como premisa en ningún argumento de la experiencia religiosa a Dios, sino que es la experiencia inmediata de Dios mismo; que en ciertos contextos la experiencia del Espíritu Santo implicará la aprehensión de ciertas verdades de la religión cristiana, tales como "Dios existe", "soy condenado por Dios", "estoy reconciliado con Dios", "Cristo vive en mí", etc.; que tal experiencia le proporciona a uno no sólo una seguridad subjetiva de la verdad del cristianismo, sino también un conocimiento objetivo de esa verdad; y que los argumentos y evidencias incompatibles con esa verdad se ven abrumados por la experiencia del Espíritu Santo para aquel que la atiende plenamente. [10]

Esto es una experiencia directa de Dios mismo, sentir al Espíritu Santo hablándote directamente. Hay mucho más que se podría decir de este concepto, pero para los propósitos del articulo es más que suficiente.


Es por esto que Adams es reacio a afirmar el pecado de la incredulidad en nadie, porque para él, lo que parece importar es el testimonio del Espíritu Santo, el cual es interno y privado para el que lo experimenta.


Una vez explicado esto, podemos ver como los cristianos son culpables de incredulidad si el Espíritu Santo les instiga. Hay momentos donde escuchas un sermón, un hermano en la fe te hace un comentario u lees en la escritura algo que te dice que debes tomar un curso de acción, pero decides ignorarlo, sin embargo el pensamiento esta ahí, es constante.

Inicialmente, el pensamiento me llega con la fuerza de una pequeña revelación. Pero cuanto más lo pienso, más pienso en buenas razones para no actuar sobre la idea. [...] El discurso de Dios no es ineficaz; por lo tanto, debemos esperar que si no creemos en algo que Él nos ha dicho, Su palabra dejará al menos un rastro de inquietud en nosotros. En el estado que he descrito, puede que ya no esté en una buena posición para decir si fue Dios o un impulso insensato mío lo que me impulsó al principio a realizar la acción. Lo que está claro es que si fuera Dios, no quiero escucharlo. Y eso es pecado.

No escuchar a Dios, no escuchar el testimonio del Espíritu Santo puede deberse a muchas cosas, al miedo quizás, quizás no confiamos lo suficiente en las promesas de Dios y en consecuencia en Dios, quizas nuestro deseo de controlar nuestra propia vida, quizás amamos mucha nuestra vida pecaminosa, y seguir a Dios implicaría dejar ese estilo de vida.

Esta es, creo, la forma central del pecado de incredulidad en la vida cristiana. No es un rechazo a asentir intelectualmente a las verdades teológicas, sino un fracaso de confiar en las verdades a las que sí asentimos.

Como señalo Adams anteriormente los fracasos cognitivos son moralmente reprochables si manifiestan deseos inmorales, si no creer en las promesas o no confiar en Dios manifiestan deseos inmorales entonces estamos pecando de incrédulos.


La ventaja de la fe sobre la vista.


Ante la pregunta: "¿por qué es buena la fe?", Adams nos dice:

La respuesta que los pensadores cristianos han dado más a menudo a la pregunta es que, como es nuestro mayor bien estar relacionados con amor a Dios, y como tenemos que creer que Él existe y nos ama para poder relacionarnos con Él de esa manera, necesitamos fe en Dios para alcanzar nuestro mayor bien. "Porque es necesario que todo el que quiera acercarse a Dios crea que Él existe, y que recompensa a los que le buscan" (Hebreos 11:6).

Sin embargo, esto no es suficiente para el, su pregunta es aún más profunda ¿por qué Dios hizo el mundo así en primer lugar?

¿Por qué debería Dios establecer un mundo en el que es la fe en lugar del conocimiento lo que se nos ofrece? De hecho, la Biblia sugiere que Dios valora particularmente una fe como la de Abraham, quien "salió sin saber a dónde iba" (Hebreos 11:8); una fe que es probada por los sufrimientos (1 Pedro 1:6-7); una fe que confía en Él en la misma negrura de la muerte, más allá de la cual ya no podemos ver nada. ¿Hay, entonces, alguna manera en que la fe sea preferible a la vista?

La respuesta de Adams es desconcertante, pero clara y es que solo a través de la incertidumbre podemos tener una genuina dependencia de otras personas. No solo por el mero hecho de no poder manipularlas tanto, sino también porque estar en disposición de otros en las relaciones logra una conexión mas intima y personal.

Nuestra incertidumbre real sobre lo que otras personas harán hace posible depender de otra persona de una manera mucho más personal. Permite a la otra persona ser más verdaderamente otra. En la medida en que me doy cuenta de que no sé cómo responderá a mi acción, no puedo considerarlo como una extensión de mi facultad de acción, como considero mi máquina de escribir.

Si tuvieras certeza de que haría alguien en toda las circunstancias y mas específicamente en tus acciones, te sería imposible no manipularla.

Si persiguiera mis propios fines en relación contigo, sabiendo exactamente cómo responderías a cada movimiento, te estaría manipulando tanto como manipulo una máquina de escribir o cualquier otro objeto inanimado. Y si en algún momento me abstuviera de perseguir mis propios fines, para ceder a algún deseo tuyo, seguiría tomando la decisión; Te estaría manipulando en el servicio de tu fin que yo había hecho mío.

Entonces, lo que parece señalar Adams es que un mundo que permite la fe, permite relaciones mucho más profundas. Relaciones en las que abrimos nuestras vidas para ser influenciados y en parte moldeados por la otra persona de maneras que no podemos predecir con mucha precisión, excepto que tengamos cierta confianza en que serán buenas. E incluso en esa confianza, podemos estar permitiendo que la otra persona participe en la definición de nuestro bien. Y este tipo de relaciones llegan a su máxima expresión con el tipo de confianza que le damos a Dios con nuestra fe.

[...] al no confiar en sí mismos, "sino en Dios que resucita a los muertos" (II Corintios 1:9), San Pablo y muchos otros cristianos testifican que han experimentado Su amor y poder de una manera a la que no renunciarían a cambio del control sobre su propio destino.
La incertidumbre permite que estas relaciones sean en gran medida no manipuladoras, y creo que las relaciones que parecen más intensamente personales son de este tipo.

Entonces un mundo que permite una confianza tal que en ella abrimos nuestras vidas para ser moldeados por otros de maneras que no podemos predecir es mucho más valioso que uno en donde esto faltara. Dios exige de nosotros la mayor confianza, la aceptación de la más completa dependencia. Él nos confronta a cada uno de nosotros con una pérdida total de control sobre nuestro propio destino. Y este tipo de relación nos permite experimentar su amor de una manera que en un mundo sin fe no podríamos.


Algunas posibles objeciones.


Muy bonito todo, pero podríamos pensar en varios "peros" al enfoque de Adams:


1) El primero y más evidente, es que todo este proyecto parte de la idea de que la fe implica creencia de alguna manera, lo cual alguien podría negar. Para algunos filósofos la fe es algo menos relacionado con la creencia y relacionado más estrechamente con la acción, el compromiso o la disposición a actuar. [11] Entonces, bajo algunas perspectivas, la fe ni siquiera iría sobre creencia ni confianza, sino sobre tus acciones. Esta sería una posible respuesta a Adams, ya que bajo este enfoque lo que compone a la fe son acciones cosas de las que solemos tener control en condiciones ideales, en ese sentido, ya no tendríamos que preocuparnos por todo el tema de si podemos ser culpables o podemos ser elogiados por nuestras creencias, sería irrelevante para el tema de la fe.


2) Alguien podría señalar simplemente que no comparte las mismas intuiciones que Adams. Podemos ver a lo largo de su escrito que Adams apela constantemente a sus intuiciones, esto es especialmente relevante cuando esta hablando de como algunas creencias pueden ser reprochables. Que para mi no tiene nada de malo apelar a tus propias intuiciones como única justifiacion para tu postura, pero para algunos este enfoque podría ser cuestionable, o como mínimo les da una salida para decir que simplemente no comparten sus intuiciones sobre estos temas.


3) No compartir la ética de las virtudes o un enfoque similar. Quizás para algunos, realmente lo que determina si eres una buena o mala persona es otras cosas distintas a tu carácter, quizás fundamentalmente ser buena persona es hacer cosas buenas independientemente de tus intenciones.


No comparto todo lo que Adams expreso aquí, de hecho, realmente suspendo el juicio (no tomo partido) sobre si la fe es una virtud o no, sin embargo, creo que su articulo era interesante y digno de ser compartido.


Referencias:













[?] Una referencia importante para este articulo fue esta.


 
 
 

4 comentarios


GUILLERMO PALOMERA
GUILLERMO PALOMERA
05 may 2025

Excelente información, muy buena explicación, solo que a mi parecer, es inconsistente querer clasificar de alguna manera como pecado al pensamiento crítico pues este mismo es el que nos lleva a buscar la verdad.

Editado
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philosophiakoons
07 may 2025
Contestando a

¡Muchas gracias, Guillermo, por el comentario y los cumplidos! Realmente me motivan a seguir publicando en este blog. :)

Como dije al final de la entrada, no estoy de acuerdo con mucho de lo que Adams escribe en su artículo. Y ciertamente no creo que el pensamiento crítico sea pecado. Pero, siendo justos, me parece que Adams tampoco cree que el pensamiento crítico sea pecado. El término "pensamiento crítico" tiene muchas definiciones y se ha concebido de distintas maneras [1]. La concepción que más me gusta es la que encontré en el libro de Joseph C. Schmid, The Majesty of Reason, donde se caracteriza el pensamiento crítico como:

"El pensamiento crítico es el proceso intelectualmente disciplinado de conceptualizar, aplicar, analizar,…
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Esaú Emanuel Ponce Medina
Esaú Emanuel Ponce Medina
04 may 2025

¡Excelente! Tim Keller tiene un sermón muy bueno en el que expone sobre la fe como un medio para obtener más entendimiento: https://youtu.be/ppoMgCIHO3M?si=X3K3fjsAbK_e5oHj

No estoy de acuerdo en todo, pero la esencia está allí y me parece complementario a lo filosófico que se menciona aquí.

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philosophiakoons
07 may 2025
Contestando a

Muchas gracias por el comentario, Esaú. Siempre son bienvenidas tus aportaciones. :D

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